












TIERRA DEL FUEGO | La crisis económica que atraviesa la provincia empieza a mostrar una de sus caras más preocupantes: familias que ya no pueden sostener las cuotas de sus vehículos y terminan entregándolos voluntariamente o enfrentando procesos de ejecución que pueden desembocar en el secuestro y posterior subasta del automóvil.
El auto, que durante años representó progreso, esfuerzo y una herramienta indispensable para la vida cotidiana, puede terminar convirtiéndose en una deuda imposible de sostener cuando el ingreso familiar se derrumba.
El problema comienza muchas veces con un despido, la pérdida de horas de trabajo, una reducción de ingresos o la incertidumbre laboral.
Pero mientras el trabajador deja de percibir el mismo ingreso, las obligaciones continúan llegando todos los meses.
Cuota del auto.
Alquiler.
Servicios.
Tarjetas.
Alimentos.
Impuestos.
Combustible.
La familia empieza entonces a elegir qué pagar y qué dejar para después.
Y cuando las cuotas del vehículo quedan impagas, si existe una garantía prendaria, el acreedor puede iniciar el procedimiento correspondiente para recuperar el bien. En determinados casos, el proceso puede terminar con el vehículo en una subasta.
Tierra del Fuego conoce muy bien el valor del trabajo industrial.
Durante años, miles de familias construyeron sus proyectos alrededor de un empleo que les permitía acceder a una vivienda, comprar un vehículo y sostener una vida familiar con cierta previsibilidad.
Hoy, la incertidumbre laboral vuelve mucho más difícil proyectar.
El problema no es solamente cuánto cuesta comprar un auto. El problema es saber si mañana seguirá existiendo el ingreso necesario para pagar la cuota.
Y ahí aparece una situación que genera preocupación: vehículos que fueron adquiridos cuando existía una determinada capacidad de pago y que hoy pueden resultar imposibles de sostener.
Las ejecuciones prendarias no son un fenómeno nuevo, pero en un contexto de mayor dificultad económica adquieren una dimensión especialmente sensible.
En Ushuaia ya se habían realizado advertencias públicas sobre el incremento de las ejecuciones prendarias vinculadas con vehículos y la mayor morosidad.
La consecuencia puede ser dramática para una familia: lo que comenzó como una cuota atrasada puede terminar con la pérdida del vehículo.
Y en algunos casos, el camino continúa hasta una subasta.
Detrás de cada vehículo hay una historia.
Está el trabajador que lo utilizaba para llegar a la fábrica.
La madre o el padre que lo necesitaba para llevar a sus hijos.
El trabajador independiente que dependía del vehículo para generar ingresos.
La familia que después de años de esfuerzo finalmente pudo comprar su primer automóvil.
Por eso, cuando un vehículo termina en una ejecución, no se pierde solamente un bien material. Se pierde parte del patrimonio familiar y, muchas veces, una herramienta fundamental para seguir trabajando.
La falta de empleo tiene un efecto multiplicador.
Cuando una persona pierde su trabajo, deja de consumir como antes. Compra menos, posterga reparaciones, reduce gastos, acumula deudas y empieza a utilizar sus ahorros —si los tiene— para sobrevivir.
La situación golpea también a comercios, trabajadores independientes y pequeñas empresas.
La rueda se frena.
Y mientras tanto, las obligaciones siguen llegando.
La Provincia anunció recientemente medidas de alivio y desendeudamiento para familias que atraviesan dificultades financieras.
Esas herramientas pueden significar un alivio para quienes están endeudados, pero el problema de fondo sigue siendo otro:
Porque una refinanciación puede aliviar una deuda.
Una prórroga puede ganar tiempo.
Un plan de pagos puede evitar una situación extrema.
Pero ninguna de esas herramientas reemplaza un salario.
Si una familia no recupera capacidad de ingreso, la deuda simplemente puede volver a aparecer unos meses después.
La imagen de un auto siendo llevado a una subasta debería funcionar como una señal de alarma.
Porque detrás de ese vehículo puede haber una familia que hasta hace poco tenía trabajo, pagaba sus impuestos, consumía en los comercios y cumplía con sus obligaciones.
Hoy puede estar preguntándose qué vender, qué deuda pagar y cómo llegar al próximo mes.
Y esa es quizás la pregunta más incómoda para Tierra del Fuego:
Porque cuando se pierde el trabajo, no solamente desaparece un sueldo.
SE EMPIEZA A PONER EN RIESGO TODO LO QUE ESE SUELDO PERMITIÓ CONSTRUIR.
FM PUNTO SUR 99.5
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